AUTOENTREVISTA

 

cura de alain

A pesar de que nos conocemos mucho, sugiero que evitemos el tuteo.
Me parece perfecto.

¿Recuerda usted cómo le surgió la idea de Sacramento?
Sí, muy bien. Fue al ver por enésima vez la película Ordet de Dreyer. Ese personaje religioso que se ha vuelto loco y que predica solo en el campo con las palabras del nazareno, fue clave. Pensé en la locura, en el Quijote, y en mi teoría personal que sospecha que Cervantes lo escribió pensando mucho más en Jesús de Nazaret que en los libros de caballería… Luego volví a ver Nazarín de Buñuel, que cuenta la historia de un cura que quiere vivir imitando en todo a Jesús. Esas dos películas, junto con El evangelio según San Mateo de Pasolini, fueron el detonante de Sacramento.

Después de ver Sacramento en un pase privado, Román Gubern dijo que la película le recuerda mucho a Buñuel.
Ojalá fuera realmente así. Aunque Gubern especificó que le recordaba sobre todo a la última etapa francesa de Buñuel, la menos realista y la más absurda, que incluye películas como El fantasma de la libertad o La vía láctea. Pero insisto en que una de las primeras chispas me surgió pensando en Nazarín, un film casi neorrealista de su etapa mexicana. De Buñuel creo que también he sacado la obsesión por el erotismo y la religión. El “don Juan” de Sacramento es el contrapunto erótico a la locura religiosa. Es un don Juan sádico que odia a las mujeres. Pero su capacidad de seducción es absoluta porque le dice a cada mujer exactamente lo que ella quiere escuchar. Nunca falla. A una intelectual le habla de Hegel con propiedad académica, a otra que busca un marido rico la invita varias semanas a su velero y a una mística le habla del amor de Dios en las caricias castas… Todas caen, todas menos la actriz y cantante del final, que le tiende una trampa a este seductor implacable…

Ha dicho usted que Sacramento cierra una trilogía.
Sí, una trilogía que, a pesar de que cambia el género, mantiene muchos elementos en común.queridisimosintelectuales.com (Queridísimos intelectuales, del  placer y el dolor) es un documental, La cámara lúcida es mitad documental y mitad ficción, y Sacramento es una película de ficción en toda regla. Lo que las une es la temática (la contraposición entre el placer y el dolor) y la estética (las tres están filmadas mayoritariamente en croma, con los actores en blanco y negro y los fondos en color). Esto remarca el artificio, lo explicita, nos indica que no estamos en un mundo realista, lo que encaja con los diálogos que hay en Sacramento, siempre un poco absurdos e inverosímiles. Otro elemento en común es que en las tres he compuesto e interpretado la mayor parte de la música, y que he contado con el talento de Maite Grau, una artista que ha definido las atmósferas con sus colores y sus propios   cuadros abstractos. En mis dos primeras películas no puedo olvidar el excelente trabajo de Andrés Bujardón, un joven director de fotografía y montador que falleció hace tan solo unos meses…  Ah, otro punto para pensar en una trilogía: hay dos personajes de La cámara lúcida, Cañeque y Jaume, que continúan en Sacramento.

En su segunda película, La cámara lúcida, había, como en Sacramento, un personaje que se propone hacer una película. También ocurre eso en sus novelas, sobre todo en Quién, donde el protagonista quiere escribir una novela genial. ¿Es la “metaficción” uno de sus sellos?
En su artículo en La vanguardia sobre La cámara lúcida, “En proceso de construcción”, Lluís Bonet señala que en esa película se muestra el proceso creativo, la maquinaria que mueve el reloj; es decir, las dudas del director, las posibles alternativas, sus entusiasmos y sus depresiones, y que el proyecto termina coincidiendo con el producto. Lo mismo se puede decir de Sacramento y de todas mis novelas. El proyecto de obra imaginada termina siendo la película o la novela que estamos viendo o leyendo. El proyecto se convierte en producto. La metaficción y la posmodernidad, al introducir al autor y su proyecto, se alejan de la ficción, del argumento, y eso puede ser contraproducente. Pero por otra parte, la metaficción está en algunas de las obras más importantes del pasado. Dante es el protagonista de la Divina Comedia, Cervantes aparece como personaje en la segunda parte del Quijote y en Hamlet se representa una obra de teatro cuyo argumento reproduce el texto de Shakespeare que estamos leyendo. No sé por qué me interesa tanto ese juego, tal vez porque a Borges le fascinaba… Hace un mes fui invitado a un congreso en Suiza sobre “la metaficción en cine y literatura”. El título de mi conferencia fue: “Mi novelícula metaficcional: Quién y La cámara lúcida”. En ambas, novela y película, se plantea “metaficcionalmente”  el narcisismo delirante del autor… Son partes complementarias de lo mismo, se trata de una “novelícula”, en la que también participa Sacramento.

Uno de los tres curas locos que interpreta usted en Sacramento es un cura norteamericano, otro es andaluz y el tercero es muy castizo.
El cura norteamericano me viene de haber escrito mi tesis doctoral sobre los televangelistas norteamericanos. El padre Popper presenta un programa de televisión católico y  muestra su locura con extrañas interpretaciones de la Biblia, como la que supone que Jesús es muy simpático y que se suicidó por todos nosotros. Pero también refleja una enorme lucidez al pensar que sin una televisión católica atrayente (como las de los evangelistas protestantes), el apostolado católico seguirá perdiendo millones de almas  hasta desaparecer. El cura andaluz es un personaje muy zafio y pícaro. Ha perdido la fe,  pero no del todo; roba paquetes de hostias y con ellas se hace bocadillos de hostias con pan con tomate.  El tercer cura loco, el padre Nazario, es el más quijotesco, sobre todo cuando conoce a un loco que se cree Napoleón, con el que comienza a caminar hacia Israel y Egipto…

¿Y Berlanga?
Berlanga siempre está presente. En el libro que publicamos con Maite Grau le hicimos la entrevista más larga de su vida, 120 páginas. En Sacramento hay varios homenajes a Berlanga. Creo que el padre Nazario es un cura autoritario que se parece un poco al que interpretó Agustín González en La escopeta nacional. Creo que lo interpreté pensando en él.

Es una película muy irreverente, ¿no?
Se trata de tres curas locos y, en el loco, la responsabilidad ética es casi inexistente. Creo que al transgresor papa Francisco le gustaría mi película, lo digo en serio. Voy a tratar de enviársela. Eso sí, tal vez en las carteleras de cine debería advertirse de que algunos films no son recomendables para creyentes…

Ha dedicado la película a la memoria del escritor Javier Tomeo. De sus novelas ha tomado algunos detalles.
Sí, he tomado, con su permiso,  algunas frases de su Napoleón VII y de El cazador de leones. Pero sobre todo creo que he sido influido por el tono absurdo de este escritor genial, aragonés como Buñuel, que fue mi amigo hasta que se murió hace apenas dos años.

En Sacramento deja usted muy negro el futuro de la iglesia católica…
Fui a un colegio católico que me traumatizó. Creo que la iglesia católica, a pesar de los esfuerzos del nuevo papa Francisco, es una institución que tiende a desaparecer. Faltan sacerdotes en todo el mundo y el fenómeno de conversión al protestantismo en Latinoamérica y en cualquier lugar del planeta es abrumador y velocísimo.

Sacramento ha sido seleccionada en la sección “Nuevas visiones” del Festival de Sitges.
Estoy contento porque se trata de un festival muy importante. Es un reconocimiento al trabajo del magnífico equipo de actores y técnicos con el que trabajé.

¿Algún proyecto?
Estoy comenzando a pensar en “Nocturno de un hombre optimista”. Un tipo que recibe las peores noticias (incluida la de un cáncer terminal) y que, sin embargo, siempre reacciona con optimismo. Termina en una animada fiesta con su “suicidio asistido”.